Mérida
es una ciudad de origen romano que fue mandada a construir por el
emperador Octavio Augusto, en el año 25 a. C. para acoger
a los soldados veteranos de las legiones V y X. Poco después
de su fundación se proclamó capital de la Lusitania
y, posteriormente, de la Diócesis Hispaniarum.
Así mismo, en los primeros siglos cristianos,
fue sede arzobispal de la que dependieron 12 obispados. Su pervivencia
durante más de dos mil años se pone de manifiesto
en el potente yacimiento arqueológico que convive con la
ciudad actual y en el que se reconocen sus señas de identidad
de origen romano y su evolución en las diversas etapas culturales
que configuran su historia: paleocristiana, visigoda, musulmana,
cristiana.
Su
antiguo carácter de capital vuelve a aflorar en distintos
periodos que la engrandecen y que se alternan con otros en
los que no es más que una villa rural.
A mediados del s. XIX resurge, al convertirse
en el centro de las comunicaciones de Extremadura, por carretera
y ferrocarril.
En el presente es la capital de la Comunidad
Autónoma extremeña y su modelo urbanístico
respeta y promociona su pasado en convivencia con el desarrollo
presente.
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